22 de febr. 2018

A Little Princess


A Little Princess es una novela de Frances Hodgson Burnett, publicada por primera vez como libro en 1905.
La novela es una versión ampliada del cuento "Sara Crewe: o lo que sucedió en Miss Minchin", que se publicó en la revista St. Nicholas, desde diciembre de 1887 y fue publicado en formato libro en 1888.  Según Burnett,   tras componer la obra de 1902  A Little Un-fairy Princess basada en esa historia,  su editor le pidió que ampliará la historia hasta crera una novela con "las cosas y las personas" que había dejado fuera del cuento”.

La novela fue publicada por Charles Scribner's Sons con ilustraciones de Ethel Franklin Betts y el título completo fue: Una pequeña princesa: la historia completa de Sara Crewe contada por vez primera.

Sinopsis:

El capitán Ralph Crewe, un acaudalado viudo inglés,  ha criado a su única hija,  Sara,  en la India, donde está destinado como miembro del ejército británico.  Debido a que el clima en la India se considera demasiado severo para los niños, las familias británicas que viven en el Raj tradicionalmente envían a sus hijos a un internado en Inglaterra.  El capitán Crewe inscribe a su hija Sara en el internado para niñas de la señorita Minchin en Londres.  Crewe adora a su hija tanto que ordena y le paga a la directora por un tratamiento especial y lujos excepcionales para Sara, como una habitación privada para ella con una empleada doméstica y una sala de estar separada, junto con carruaje privado y un poni.  La señorita Minchin abiertamente se burla de Sara por su dinero, pero en secreto y celosamente la desprecia por su riqueza. La hermana menor de la señorita Minchin,  Amelia, es bondadosa pero su voluntad es débil…




21 de febr. 2018

presentació BLAU ARGILA



El proper dijous, 1 de març de 2018, l’Esperança Castell Rodriguez  presenta a Cerdanyola del Vallès el seu quart recull de poemes, BLAU ARGILA, editat per Meteora.

L’acte tindrà lloc a : Cal Pintxo, carrer Sant Ramón 154, a les 19.30 hores.

Presentarà l’acte l’amic, impressor i... jugador de ping-pong,  Josep Mª Riera, i intervindran la  Maria Nunes, escriptora i crítica literària; el Jordi Fernando, editor i l’autora.

Recital de poemes i música a càrrec de la pianista Mónica Trueba.



"He vingut a tocar l'aigua freda i sofrent,
a aprendre de l'esfoç de cada dia
i del dolor que transforma"


19 de febr. 2018

jardins secrets de barcelona



Jardins secrets de Barcelona
Isabel de Villalonga, Isabel Cordero (text), Luis Plana del Llano (fotografia)
Editorial Àmbit, 2013

Obrim les portes de jardins pràcticament desconeguts de Barcelona, un món privat i plàcid que s'amaga darrere de les reixes i les altes tàpies: claustres medievals, jardins històrics transmesos de generació en generació, patis interiors, àtics espectaculars, entranyables jardins familiars i nous jardins contemporanis. Són espais que desperten els sentits i mouen les emocions, i demostren així que l'esperit jardiner de Barcelona no s'ha perdut, que es manté en el temps i en la història.

A Barcelona hi ha 700 hectàrees de jardins privats. La majoria són espais pràcticament desconeguts:  jardins paisatgístics que aprofiten espais insòlits com antigues pedreres, jardins formals i clàssics, uns altres de disseny més modern. Patis interiors que creen espais recollits i íntims, i també santuaris als terrats d'edificis.

Alguns es poden visitar però són poc coneguts, com el gran claustre gòtic del monestir de Pedralbes. També hi ha "jardins secrets" en el cor de la ciutat, espais de natura insospitats, com el jardí de l'hotel Alma, a l'interior d'una illa de l'Eixample.

18 de febr. 2018

montserrat roig, 1977. memòria i utopia




Avui hem parlat, llegit i redescobert una veu singular, la de la Montserrat Roig, en l’exposició, que es pot visitar de forma gratuïta, fa el Born Centre de Cultura i Memòria fins ala trenta d’abril d’enguany.

Gràcies Eva per tot el teu treball. 



“Tant la vida, com els llibres, com la ciutat on vaig néixer, s'han anat transformant en les meves pàtries. Primer t'ho trobes, després ho esculls.”

“La cultura és l'opció política més revolucionària a llarg termini.”



“Que no em demanin que a les meves novel·les apareguin dones meravelloses, dones
d’una peça. Les dones no som ni meravelloses ni d’una peça. Som plenes de pors, d’angoixes, de la mateixa manera que els homes!”.



“El feminisme per a ésser total ha de saber emmarcar-se en un context polític que sigui alliberador.  El feminisme aporta als partits polítics que estem pel socialisme una nova manera de concebre la lluita en què les dones ens sentim realment protagonistes. El feminisme polític, cal aclarir-ho, no va en contra de la família ni contra el matrimoni, sinó contra que siguin cèl·lules socials que es mantenen més per raons econòmiques que no per raons d’afecte”.

Montserrat Roig

16 de febr. 2018

seguim el fil de la roig

Demà, els de Vespres Literaris, visitarem l'exposició: "Montserrat Roig, 1977. Memòria i utopia", al Born, centre de cultura i memòria i llegirem textos de les seves obres.

15 de febr. 2018

el jardín secreto, "pelis"



El jardín secreto “The Secret Garden” es el título de una película norteamericana  del año 1949, basada en la novela homónima de Frances Hodgson Burnett.

Dirigida por Fred M. Wilcox, con guión de Robert Ardrey, música de Bronislau Kapery la fotografía de Ray June (B&W).

Reparto: Margaret O'Brien,  Herbert Marshall,  Dean Stockwell,  Gladys Cooper, Elsa Lanchester,  Brian Roper,  Reginald Owen,  Aubrey Mather,  George Zucco, Lowell Gilmore,  Billy Bevan,  Dennis Hoey,  Matthew Boulton,  Isobel Elsom, Norma Varden.




El jardín secreto “The Secret Garden” es el título de una película inglesa del año 1993, basada en la novela homónima de Frances Hodgson Burnett.

Dirigida por Agnieszka Holland, con guión de Caroline Thompson, música de Zbigniew Preisner y la fotografía de Roger Deakins y Jerzy Zielinski.

Reparto:  Kate Maberly,  Heydon Prowse,  Andrew Knott,  Maggie Smith,  Irène Jacob, John Lynch,  Walter Sparrow,  Frank Baker,  Valerie Hill,  Andrea Pickering,  Colin Bruce.





... y la versión animada:


14 de febr. 2018

el jardín secreto, 1




“—Ése es el jardín donde trabaja Ben Weatherstaff —dijo Mary.
— ¿Ése? —preguntó el niño.
Unos metros más y Mary volvió a susurrar algo.
—Aquí es donde el petirrojo sobrevoló la tapia —dijo.
— ¿Aquí? — exclamó Colin—. ¡Cuánto me gustaría que viniese ahora!
—Y ahí —dijo Mary con un solemne placer, señalando un lugar bajo un lilo—, ahí es donde se posó el petirrojo encima de un montoncito de tierra, y me indicó dónde estaba la llave.
Entonces Colin se irguió en la silla.
— ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Ahí? —gritó, y sus ojos eran tan grandes como los del lobo de la historia de Caperucita Roja.  Dickon se quedó muy quieto, y la silla se paró.
—Y aquí —dijo Mary, adentrándose en el macizo de matas que había cerca de la hiedra—, aquí es donde fui a hablar con el petirrojo cuando me piaba desde lo alto del muro. Y ésta es la hiedra que se movió hacia un lado con el viento —y la niña sujetó el telón verde que allí pendía.
— ¡Ah! ¿De verdad, de verdad? —dijo Colin, jadeante.
—Y aquí está el tirador, y aquí la puerta. ¡Venga, Dickon, empuja la silla, entremos deprisa!
Y Dickon así lo hizo; de un solo empujón, fuerte, vigoroso y espléndido, introdujo la silla en el jardín.
Colin, sin embargo, se había hundido entre los cojines y, aunque suspiraba de puro deleite, se había tapado los ojos con las manos y así los mantuvo para no ver nada hasta hallarse dentro del jardín; la silla se detuvo como por arte de magia, y la puerta se cerró. Y en ese momento el niño retiró las manos y se puso a mirar a su alrededor, tal como hicieron los otros dos la primera vez que entraron en el jardín secreto: sobre los muros y la tierra y los árboles, sobre las ramas y los zarcillos que pendían, habíase deslizado el hermoso velo de diminutas y tiernas hojas; y en el césped bajo los árboles, y en las urnas grises de los cenadores; y aquí y allí y en todas partes, había retoques y salpicaduras de oro y morado y blanco; y en los árboles brotaban el color rosado y el color de la nieve; y se oía el batir de alas, y el tenue y delicado sonido de los trinos y zumbidos; y había tantos, tantos aromas. Y el sol le calentaba el rostro al niño como si fuera una mano que estuviera acariciándole. Mary y Dickon se quedaron con los ojos fijos en él, maravillados. Y Colin parecía tan distinto, tan extraño, porque sobre él reptaba un brillo sonrosado, cubriéndole el rostro y el cuello marfileños, las manos, todo.
—¡Me pondré bien! ¡Me pondré bien! —gritó—.  ¡Mary! ¡Dickon! ¡Me pondré bien! ¡Y viviré para siempre jamás!

El jardín secreto
Frances Hodgson Burnett
Traducción de Isabel del Río Salvador
Siruela, 2010
Pág. 217-218

“Generalmente sé abriga demasiado a los niños, y de un modo especial en sus primeros años.  El obrar de esta forma les priva de endurecerse para el frío y para el calor; el frío muy intenso jamás les incomoda si los dejan expuestos a él desde muy temprano, pero el mucho calor les produce una extenuación inevitable porque el tejido de su cutis, todavía muy tierno, no permite el paso suficiente a la transpiración. Por tal causa es de notar que mueren más niños en el mes de agosto que en ningún otro del año. De aquí que la comparación de los pueblos del Norte con los del Mediodía nos prueba que se hace más robusto el niño que soporta el exceso de frío que el que soporta el exceso de calor. Pero a medida que el niño crece y que sus fibras se fortalecen se le debe acostumbrar paulatinamente a resistir los rayos solares, y gradualmente se irá endureciendo para que no le afecten los ardores de la zona tórrida.
Locke, en medio de los preceptos varoniles y sensatos que nos ofrece, incurre en contradicciones impropias de un pensador tan consciente. El que quiere que se bañen los niños en verano en agua helada, prohíbe que cuando estén sudando beban agua fría y que se acuesten en el suelo en sitios húmedos36. Pero si quiere que los zapatos de los niños se llenen de agua, sea cual sea el tiempo, ¿no permite lo mismo cuando los niños tengan calor? ¿Y no se puede hacer del cuerpo, con relación a los pies, las mismas inducciones que hace él de los pies con relación a las manos, y del cuerpo con relación al rostro? Si queréis, le diría, que todo el hombre sea rostro, ¿por qué tenéis en mal concepto el que diga yo que sea todo pies?
Para impedir que los niños beban cuando tienen calor, él prescribe que se les acostumbre a comer un trozo de pan antes de beber. El que tenga que dar de comer al niño cuando en realidad tiene sed, en verdad es muy extraño, puesto que sería lo mismo darle de beber cuando tenga hambre. Nunca creeré que nuestros primeros apetitos estén de tal forma desordenados hasta el punto de que no puedan ser satisfechos sin que nos expongamos a la muerte. Si fuere así, el linaje humano se habría destruido cien veces antes de que supiera lo que había de hacerse para conservarlo.
Cada vez que Emilio tenga sed, quiero que se le dé de beber, pero agua pura y sin ninguna preparación, ni siquiera la de templarla, aunque esté sudoroso, y aunque estemos en el más fuerte rigor del invierno. La única precaución que recomiendo es la de distinguir la calidad de las aguas. Si el agua es de río, dádsela tal como sale; si es de fuente, es preciso que se deje algún tiempo al aire antes de beberla. En la estación del calor están calientes los ríos, lo que no sucede con las fuentes, las cuales no han recibido el contacto del aire; es preciso esperar a que el agua corresponda a la temperatura atmosférica. En invierno, por el contrario, el agua de las fuentes es menos dañosa que el agua de los ríos, pero no es ni natural ni frecuente que uno sude en invierno, sobre todo estando al aire libre, ya que el aire frío, pegando continuamente sobre la piel, rechaza el sudor y evita que se abran los poros de forma suficiente para darle paso libre. Pero no pretendo que Emilio haga ejercicios en invierno junto a un buen fuego, sino fuera, a la intemperie, en pleno campo, en medio de los hielos. Mientras se calienta haciendo y tirando pelotas de nieve, dejémosle que beba cuando tenga sed, que continúe haciendo ejercicios después de beber y no temamos ningún accidente. Y si por alguna otra causa o ejercicio comienza a sudar y tiene sed, que beba frío incluso en ese tiempo. Haced de suerte que vaya lejos y que poco a poco busque su agua. Con el frío que sentirá durante el camino se habrá refrescado, v cuando beba no tendrá ya ningún peligro. Sobre todo tomad estas precauciones sin que él se dé cuenta.”

Emilio o la educación
Jean Jacques Rousseau

13 de febr. 2018

literatura infantil



Alguns dels primers exemples de literatura infantil del segle XX van ser: Peter Pan (1904), de James M. Barrie, un dels contes més famosos, que narra la història del nen etern,  que no vol créixer,  parla amb els animals,  escolta els elfs que viuen al parc i coneix el món secret que s'amaga després de la realitat; i El meravellós viatge de Nils Holgersson a través de Suècia, de l'autora sueca Selma Lagerlöf, premi Nobel de Literatura, que va ser publicat en dues parts (1906-1907).  A principis de segle,  a Anglaterra,  es van publicar tres llibres importants: El vent en els salzes (1908), de Kenneth Grahame, un esplèndid llibre sobre la naturalesa,  que descriu la vida d'alguns animals a la riba d'un riu;  Winnie, the Pooh (Winnie de Puh, 1927), d'A A. Milne, que tracta la relació tradicional entre un nen i el seu osset de pelfa d'una manera enginyosa i plena de sensibilitat; i El doctor Dolittle i els seus animals, d'Hugh Lofting, sèrie de novel·les protagonitzades per un metge que cura els animals mentre viu les més absurdes i emocionants aventures. Al llarg d'aquest segle van ser sorgint personatges literaris que van connectar ràpidament amb el públic infantil i es convertirien en protagonistes de llargues sèries de llibres, com Els Mumins, de la finlandesa Tove Jansson, éssers fantàstics i minúsculs que actuen de forma alegre i esbojarrada; Pippi Langtrump (1945), d'Astrid Lindgren, una de les heroïnes moderns de la literatura infantil: la nena lliure, generosa i que mai s'avorreix. Mary Poppins (1934), de Pamela Travers,  primer títol de la sèrie que narrava les experiències d'una família amb cinc fills a cura d'una peculiar institutriu.


A Catalunya aparegueren les primeres manifestacions importants de la literatura infantil, a través de les adaptacions de les faules clàssiques ( les faules d'Isop foren una de les lectures de capçalera de moltes llars catalanes), reculls de rondalles populars i les obres d'alguns autors de l'època, com  Francesc Pelagi i Briz que el 1865 publicà Lo llibre dels Àngels i més tard Lo llibre dels nois (1871),  T. Thos i Codina, que l'any 1866 publicà Lo llibre de la infantesa. Rondallari català, que s'inspira o adapta les rondalles populars o Frederic Soler, que l'any 1867 publicà els poemes de Cuentos de la Vora del Foch i Cuentos de l'avi, on una vegada més la literatura popular es converteix en la font de la literatura culta. La finalitat instructiva i moralitzant era ben present en la majoria d'aquestes obres. Un llibre a destacar per la seva relativa raresa fou, uns anys més tard, Jocs i joguines. Records de la infantesa (1893), de Eduard Vidal i Valenciano, on rememora i explica diverses anècdotes, a què jugava quan era petit i algunes de les seves joguines, ja desaparegudes en el moment de l'edició de l'obra.

De totes maneres, la producció en català era pobra i els nens no tenien altra opció que llegir sovint en castellà, encara que en alguns casos es tractés de l'obra d'autors catalans, com l'innovador Cuentos vivos d'Apel·les Mestres. Aquesta situació canvià radicalment anys més tard, amb l’obra d’escriptors com Prudenci Bertrana, Salvat-Papasseit, Carner, Riba, Carles Soldevila, etc., que van escriure llibres per a infants o col·laborar en revistes infantils com "En Patufet" (1904- 1938), "La Rondalla del Dijous" (1909, 1924), "La Mainada" (1921-1923) o "Virolet" (1922-1930).





11 de febr. 2018

el petirrojo


Es un pájaro de constitución rechoncha, sobre todo en invierno, cuando ahueca sus plumas para generar una capa de aire caliente interior. Machos y hembras son idénticos en coloración.  En su plumaje destaca la amplia mancha anaranjada que se extiende por la cara,  la garganta y el pecho, la cual aparece bordeada por una irregular y sutil banda gris.  El resto del plumaje resulta poco vistoso.  Domina el color pardo verdoso en el dorso y las alas,  y el blanco sucio en el vientre.  Los jóvenes volantones,  antes de la muda parcial a finales del verano, muestran un plumaje pardo, con casi todas sus plumas punteadas en su extremo con motas amarillentas.


 El petirrojo europeo se mueve habitualmente por el suelo en busca de insectos.  Para cantar se posa en las ramas altas de los árboles,  ya sea en invierno o durante la temporada de cría.  Es muy agresivo,  tanto con ejemplares de su misma especie como con el resto de las aves, no solo en la época reproductora, sino también durante la invernada.  En este último periodo, las parejas se separan y defienden territorios individuales.



Emite insistentemente un reclamo seco (tac), que repite con frecuencia irregular: tac-tac…, tac-tac-tac. El canto es más elaborado y melodioso. Reclama y canta a lo largo de todo el día,  pero especialmente por la mañana muy temprano, incluso antes del amanecer.



9 de febr. 2018

el páramo


“Desde un lado de la casa se contempla la iglesia y, sobre todo, el cementerio, que está siempre unido a los templos anglicanos.  Desde la otra parte, la vista no es mucho más reconfortante: allí empieza el páramo.  Podría parecer un buen punto de partida para una película de miedo; sin embargo, la impresión no es terrorífica, aunque todo el lugar provoque una leve inquietud. Vistas de día, las tumbas ordenadas y limpias tienen un toque inocente, incluso evocador.  El páramo parece también inofensivo; aunque su inmensidad, la larga sucesión de leves colinas que se pierden suavemente a lo lejos, en la que apenas se vislumbran unos pocos árboles solitarios y algunos muros de piedra, nos indica que es mejor no abandonar el camino si nos aventuramos en aquel espacio.   En cualquier caso, el pueblecito de Haworth, corazón del condado de Brontë, en Yorkshire, en el centro de Gran Bretaña, donde se encuentra la casa en la que vivieron y murieron Charlotte, Anne y Emily, no decepciona al viajero: Heathcliff, el furioso y apasionado protagonista de Cumbres Borrascosas, no podría haber vivido en otro lugar.

"La curiosidad sólo está legitimada cuando la casa o la región de un gran escritor agrega algo a nuestra comprensión de sus libros.  Ésta es la justificación que uno tiene para hacer un peregrinaje al hogar y al condado de Charlotte Brontë y sus hermanas", escribió Virginia Woolf en un artículo publicado en The Guardian en 1904. "Una tiene la impresión de que Haworth y las Brontë están inextricablemente mezclados. Haworth expresa a las Brontë, las Brontë expresan a Haworth", agregaba la autora de Las olas,  quien había visitado Yorkshire en busca del recuerdo de la familia literaria más ilustre del Reino Unido. "En Haworth es donde Emily sitúa la turbulenta trama de su única novela, inequívocamente condicionada por la fusión de los personajes con la bravía belleza de aquel paisaje solitario", escribe por su parte Carmen Martín Gaite en el prólogo de su excelente traducción de Cumbres Borrascosas.


Situado al oeste de Leeds y Bradford y al norte de Manchester, el condado de Brontë se encuentra en West Yorkshire,  en pleno territorio del páramo,  una de las zonas más salvajes del Reino Unido. El páramo evoca amplios horizontes y una profunda sensación de soledad. Las colinas de los Pennines, que forman la columna vertebral geológica de la región, parecen inocentes a primera vista: una tierra de pasto, ovejas -Haworth era un importante centro de producción de lana, como casi todas las localidades cercanas-, riachuelos y espacios inmensos. En el camino, el páramo es otra cosa: resulta fácil perder cualquier referencia humana, las colinas presentan caras mucho más escarpadas de lo que podría parecer; en verano hay barro, y en invierno, hielo y nieve, el viento, una tierra negra, dura y rocosa...

No podemos olvidar que es el lugar donde arranca Cumbres Borrascosas, con aquel viajero perdido en la nieve que encuentra la mansión que da título a la única y genial novela de Emily Brontë. Cuando la protagonista abre la ventana de su habitación al escuchar ruidos en el exterior,  siente el contacto de una mano helada y fantasmal.  Poco después,  el lector conocerá un sueño de Catherine: "Lo único que iba a decirte es que el cielo no parecía mi casa.  Se me partía el alma de puro llorar porque quería volverme a la tierra y los ángeles se enfadaron tanto que me echaron y fui a caer en pleno páramo".



La familia Brontë llegó a Haworth en 1820,  cuando el reverendo Patrick Brontë se hizo cargo de la parroquia del pueblo, que entonces contaba con 3.000 habitantes y un índice de mortalidad infantil realmente terrorífico: un 40% de los niños morían antes de cumplir los seis años. Emily había nacido el 30 de julio de 1818 en una localidad cercana: Thornton.  Se instalaron en un pequeño cottage victoriano, al lado del templo, el Parsonage, donde se encuentra actualmente el museo y la sede de la Brontë Society.  La historia familiar es conocida y terrible: todos los hermanos murieron jóvenes y sin descendencia. En el caso de Emily, falleció de pulmonía el 19 de diciembre de 1848, a los 30 años, una enfermedad que contrajo durante el entierro de su hermano Branwell, en cuya salvaje personalidad dicen los críticos que se inspiró para crear a Heathcliff.



Muchos años después de todo aquello, el fetichismo literario, la sana curiosidad y el amor por Cumbres Borrascosas o Jane Eyre han convertido Haworth en uno de los principales lugares de peregrinaje literario de Gran Bretaña, una isla donde esta práctica está muy extendida. La llegada al pueblo produce cierta sensación de desconfianza.  En principio,  no hay demasiados rastros de la desolación que se atribuye a Yorkshire.  Se atraviesan unas cuantas rotondas,  centros comerciales y grandes superficies, gasolineras y algún pub de sonoro nombre como Black Moors (Páramos negros). Ya en Haworth, el viajero descubre rápidamente cuál es la industria turística local: el Brontë Hair Salon o la tienda Cumbres Borrascosas no dejan lugar a dudas.  El cielo grisáceo y los charcos de una reciente lluvia -¿existe el buen tiempo en esta zona del planeta?- sirven para ir entrando en el ambiente; aunque el encanto aparece definitivamente con la llegada a la casa de las hermanas.

Allí las cosas han cambiado muy poco. Si nos atenemos a la descripción que hizo Charlotte de la vista que se contemplaba desde la ventana de su cuarto, podemos decir que no han cambiado nada: "Sentada en mi cama, fijaba los ojos en la ventana, a través de la que no se vislumbraba otro paisaje que la monótona extensión del páramo y la torre grisácea de la iglesia que surgía del centro del cementerio, tan lleno de tumbas que la maleza y las malas hierbas apenas tenían espacio para crecer entre las lápidas".

En la casa, un sobrio edificio de ladrillo con amplias ventanas blancas de guillotina, la Brontë Society -que compró el lugar a la parroquia en 1927 para abrir el museo- ha ido colocando los objetos en el mismo estado en que los dejó la familia. Un periódico sobre el escritorio del reverendo,  una balanza sobre la robusta mesa en la que Emily hacía el pan mientras aprendía alemán en libros que siguen allí.  Los muebles,  la ropa,  las tazas de té -floreadas,  naturalmente-, los arcones, una cama con dosel, las lámparas de aceite,  el pequeño piano de pared, los utensilios de cocina, todo ello repartido en una docena de habitaciones -incluida la del servicio- y en dos modestas plantas,  nos acercan al ambiente de la vida rural y aparentemente apacible -es verdad que todas estas estancias están también teñidas por la enfermedad y la muerte;  pero eso, en la Inglaterra del siglo XIX, formaba parte de la existencia- y hacen aún más incomprensible el misterio que siempre ha rodeado a las hermanas Brontë.  ¿Cómo pudo surgir de aquella severidad anglicana ese torrente de creatividad, esa insólita descripción de los sentimientos más terribles? ¿Cómo pudo Emily, sin apenas haberse movido de Haworth y de aquella sencilla casa,  sin haber conocido varón, hacer un relato de la pasión,  del odio,  del mal, de las sombras en las que puede adentrarse el ser humano llevado por unos sentimientos incontrolados? ¿Cómo surgió de allí Cumbres Borrascosas, una de las mejores novelas de la historia, escrita cuando su autora sólo tenía 28 años?

La copia del famoso retrato realizado por Branwell -el original se conserva en la National Portrait Gallery de Londres- de Anne, Emily y Charlotte, que se exhibe en una de las habitaciones, tampoco aporta muchas pistas: son tres hermanas muy al estilo de Sentido y sensibilidad, cuyas miradas modosas no dejan entrever la rotundidad y la fuerza de sus libros -claro que, en general, si hay algo que engaña es el aspecto de un escritor.



Una vez completada esta primera etapa del camino -previo paso por la nutrida tienda del Parsonage,  donde uno puede hacerse socio de la Sociedad Brontë, lo que da derecho a entrar gratis en la casa,  recibir los dos números anuales de su revista,   ser invitado a conferencias y a almuerzos literarios,  además de participar en charlas con especialistas y en excursiones-, el siguiente objetivo pasa directamente por la literatura: la búsqueda de los escenarios donde transcurre la única novela de Emily.  La pregunta del millón, a la que están hartos de responder, aunque lo hacen con mucha amabilidad,  en la oficina de turismo local, es: ¿dónde está Cumbres Borrascosas? La respuesta es casi metafísica: el lugar existe, pero no existe, esto es,  hay un chamizo ruinoso en mitad del páramo, a tres millas del pueblo,  en un lugar llamado Top Withins, donde la tradición local dice que Emily situó la siniestra mansión que da título a su libro. La casa no tiene nada que ver,  el paisaje sí.

El camino no es difícil,  pero conviene ir equipado con calzado cómodo,  algo de agua, un jersey (el calor es un concepto desconocido en aquellas latitudes) y ganas de andar durante un par de horas. No hace falta mapa puesto que está perfectamente señalizado: en cada encrucijada hay un poste con flechas que indica la buena dirección. Y, sin duda, merece la pena: la belleza desoladora del páramo es toda una experiencia.  A veces verde,  a veces violeta, otras amarillo -en invierno es todo mucho más uniforme-, es un paisaje que se pierde en el horizonte, que se mezcla con un cielo de nubes constantes y rápidas. Hay que sentir el barro negro del camino bajo los pies, experimentar el constante dominio del viento.



En mitad de todo esto,  al fondo de una pequeña loma se encuentra Top Withins. Hay unos pocos caminantes,  aunque no rompen el encanto.  Cosa que no se puede decir de las cabras que lo habitan. Estos animales, normalmente huidizos o indiferentes cuando uno se los cruza en el camino -junto a las ovejas, son los únicos seres vivos que uno se topa por la zona, además de los excursionistas-,  se vuelven unos implacables devoradores de meriendas y resulta casi imposible hacer un reposo culinario sin tener a uno de esos bichos,  de dientes inmensos y verdosos, literalmente encima. Conclusión: lo mejor es sentarse a contemplar el paisaje sin hacer ningún signo -basta con abrir la mochila para que comience la persecución- que pueda despertar el apetito de estos rumiantes. Una sencilla placa, cortesía de la Sociedad Brontë, colocada sobre uno de los muros de lo que ahora es una ruina, nos aclara el misterio del lugar: "Esta granja ha sido relacionada con Cumbres Borrascosas,  el hogar de los Earnshaw en la novela de Emily Brontë.  El edificio,  incluso cuando estaba entero,  no tenía ningún parecido con el que describió; sin embargo, su emplazamiento podía haber estado en su cabeza cuando escribió sobre su ubicación en el páramo. Esta placa ha sido colocada aquí en respuesta a muchas preguntas".

El viajero comprende un poco más. La impresión de soledad,  la profunda inquietud que produce el páramo -durante una tormenta en invierno, ni un ejército de san bernardos ni los marines podrían salvar a alguien extraviado-, la fuerza de un paisaje en el que casi no se distinguen huellas humanas, la dureza rocosa de la tierra y el cielo... Hay pocos lugares en el mundo tan propicios para despertar una imaginación romántica y, necesariamente, sombría.  En uno de los momentos clave de la novela, cuando Heathcliff se va para volver henchido de venganza años después,  Catherine dice: "Mi amor por Linton es como el follaje de un bosque, y estoy completamente segura de que cambiará con el tiempo, de la misma manera que el invierno transforma los árboles. Pero mi amor por Heathcliff se parece al cimiento eterno y subterráneo de las rocas;  una fuente de alegría bien poco apreciable,  pero no se puede pasar sin ella.  Nelly, yo soy Heathcliff...". Virginia Woolf tenía razón: conviene ir a Haworth, llegar hasta Top Withins, para volver a leer Cumbres Borrascosas y comprender por qué el amor más salvaje es como el páramo.”

Guillermo Altares
El País
23/08/2003



7 de febr. 2018

el jardín inglés



El jardín inglés es un estilo de jardín nacido en Inglaterra a finales del siglo XVII, extendiéndose por toda Europa en sustitución del simétrico preponderante hasta ese momento predominante.

Los jardines ingleses presentan una visión idealizada de la naturaleza y fueron diseñados a partir de la inspiración de las pinturas de paisajes realizadas por los artistas Claudio de Lorena (nacido 1600-1605, fallecido en Roma en 1682. Pintor francés establecido en Italia) y Nicolas Poussin (también francés,  1594, que murió en Roma en 1665).

Paisaje con danza de campesinos
Claudio de Lorena, 1640
óleo sobre lienzo 118x148,5
Colección del duque de Bedford


Por lo general, los jardines ingleses incluyen un lago, ondulaciones de césped suavemente elaboradas, bosquecillos de árboles y recreaciones de templos clásicos, ruinas góticas, puentes y otra arquitectura pintoresca, diseñadas para recrear un paisaje pastoral idílico. Entre los elementos naturales que destacan en el jardín, se encuentran las malezas, los arbustos,  los accidentes naturales del terreno. Además, en estos jardines,  la irregularidad de la naturaleza se presenta en caminos y sendas donde la vegetación se muestra salvaje, sin domesticar. La naturaleza no se modifica, es decir, los elementos naturales permanecen sin modificarse, permitiendo crecer libremente a las malezas y los arbustos irregulares, ya que lo que se busca es el máximo respeto.

            Así, la búsqueda, consiste en adaptar poco a poco los jardines a las edificaciones, tratando de alcanzar una imitación los más cercana posible de la naturaleza, trabajando con todos los elementos naturales posibles, como lagos o zonas de agua, piedras, árboles,… Los jardines ingleses permiten que los elementos naturales que se utilizan puedan crecer de manera libre, pero al mismo tiempo combinan y se equilibran entre ellos, permitiendo que los lugares y las edificaciones se combinen armónicamente y plenas de vida.

Paisaje con edificios
Nicolas Poussin, 1648-1651
óleo sobre lienzo, 120x187
Museo del Prado

3 de febr. 2018

el tren de los huérfanos, cómic



Sinopsis:

A principios del siglo XX, en Nueva York, las calles están llenas de niños abandonados o huérfanos que sobreviven en medio de la miseria gracias a la mendicidad y al robo. En los estados del Oeste, la adopción de niños se convierte en la forma más barata de conseguir mano de obra, por lo que los granjeros esperan la llegada de los trenes de los huérfanos, en los que viajan los niños rescatados del arroyo neoyorquino en busca de nuevas familias.

Esta es la historia de tres hermanos, Jim, Joey y Anna, que viajaban en uno de estos trenes. Esta es la historia de una separación, de una traición y de unos niños separados por la ambición de los adultos.

Guión: Philippe Charlot
Dibujo: Xavier Fourquemin
Yermo ediciones
Fecha Publicación: 15/07/2017
Páginas: 103 

2 de febr. 2018

el tren de los huérfanos, 2



“El tren entra en la estación con un chirrido agudo de frenos y soltando una gran vaharada de vapor. Carmine está callado, mirando boquiabierto los edificios y cables y gente al otro lado de la ventanilla, tras cientos de kilómetros de campos y árboles.

Nos levantamos y empezamos a reunir nuestras pertenencias. Dutchy coge nuestras maletas y las pone en el pasillo. Por la ventanilla veo a la señora Scatcherd y el señor Curran en el andén, hablando con dos hombres de traje y corbata y tocados con sombrero negro, con varios policías tras ellos. El señor Curran estrecha sus manos, luego mueve la mano hacia nosotros cuando bajamos del tren.

Quiero decirle algo a Dutchy, pero no se me ocurre nada. Tengo las manos húmedas. Es una sensación de anticipación terrible no saber en qué nos estamos metiendo. La última vez que me sentí así estaba en las salas de espera de Ellis Island. Estábamos cansados y mamá no se encontraba bien, y no sabíamos dónde íbamos ni qué clase de vida tendríamos. Sin embargo, ahora me doy cuenta de todo lo que daba por hecho: tenía una familia. Creía que, ocurriera lo que ocurriese, estaríamos juntos.

Un policía toca un silbato y extiende el brazo en el aire. Entendemos que hemos de formar una fila. Noto el peso de Carmine en mis brazos y su respiración caliente, ligeramente acre y pegajosa por la leche de esta mañana, en mi mejilla. Dutchy lleva nuestras maletas.

—Deprisa, niños —nos apremia la señora Scatcherd—. En dos filas rectas. Muy bien.

Su tono es más suave que de costumbre, y me pregunto si es porque estamos junto a otros adultos o porque ya sabe lo que ocurrirá a continuación.

—Por aquí.

La seguimos por una amplia escalera de piedra, con nuestros zapatos de suela dura resonando en los peldaños como un redoble de tambor. En lo alto de la escalera enfilamos un pasillo iluminado por lámparas brillantes de gas y entramos en la sala de espera principal de la estación, no tan majestuosa como la de Chicago, pero impresionante de todos modos. Es grande y brillante, con grandes ventanas de múltiples paneles. Delante, el vestido negro de la señora Scatcherd se hincha detrás de ella como una vela. La gente señala y susurra, y me pregunto si saben por qué estamos aquí. Y entonces localizo un cartel pegado en una columna. En grandes letras mayúsculas sobre papel blanco dice:

SE BUSCAN
CASAS PARA NIÑOS HUÉRFANOS.
UN GRUPO DE NIÑOS SIN HOGAR DEL ESTE LLEGARÁ A LA ESTACIÓN TERMINAL DE MILWAUKEE EL VIERNES 18 DE OCTUBRE.
LA DISTRIBUCIÓN SE EFECTUARÁ A LAS 10 DE LA MAÑANA.
ESTOS NIÑOS SON DE EDADES DIVERSAS Y DE AMBOS SEXOS QUE HAN QUEDADO SOLOS EN EL MUNDO...

— ¿Qué te dije? — murmura Dutchy, siguiendo mi mirada—. Bazofia sensiblera.

— ¿Sabes leer? —pregunto con sorpresa, y él sonríe.

Como si alguien hubiera girado una manivela en mi espalda, soy propulsada hacia delante, con un pie delante del otro. La algarabía de la estación se convierte en rugido sordo en mis oídos. Huelo algo dulce — ¿manzanas caramelizadas?— al pasar un carrito de comida. Tengo el pelo lacio y mustio, y siento un hilillo de sudor en la espalda.

Carmine pesa una barbaridad. Qué extraño, pienso, estoy en un lugar donde mis padres nunca han estado y que nunca verán. Qué extraño que esté aquí y ellos ya no estén.

Toco la cruz de Claddagh que llevo al cuello.

Los niños mayores ya no parecen tan duros. Sus máscaras se han caído; veo miedo en sus caras. Algunos están moqueando, pero la mayoría se esfuerzan por permanecer en silencio y comportarse como se espera de ellos. Por delante de nosotros, la señora Scatcherd está al lado de una gran puerta de roble, con las manos enlazadas. Cuando la alcanzamos, nos reunimos en un semicírculo, las niñas mayores sosteniendo bebés y los niños más pequeños de la mano. Los chicos mayores tienen las manos en los bolsillos.

La señora Scatcherd inclina la cabeza.

—María, Madre de Dios, te suplicamos que proyectes un ojo benevolente sobre estos niños, que los guíes y bendigas mientras hacen su camino en el mundo. Somos tus humildes servidores en Su nombre. Amén.

—Amén —repiten con rapidez unos pocos píos, y el resto los imitamos.

La señora Scatcherd se quita las gafas.

—Hemos llegado a nuestro destino. Desde aquí, el Señor lo quiera, os dispersaréis en familias que os necesitan y os quieren. —Se aclara la garganta—. Ahora recordad: no todos encontraréis una familia enseguida. Es algo que cabe esperar y por lo que no hay que preocuparse. Si no os eligen ahora, simplemente subiréis al tren con el señor Curran y conmigo y viajaremos a otra estación a una hora de aquí. Y si no encontramos sitio allí, seguiréis con nosotros hasta la siguiente ciudad.

Los niños que me rodean se mueven como un rebaño inquieto. Mi estómago está hueco y tembloroso.

La señora Scatcherd asiente.

—Muy bien, señor Curran, ¿estamos listos?

—Lo estamos, señora Scatcherd. — Y se inclina hacia la gran puerta para empujarla con el hombro.

Estamos en la parte posterior de un gran salón con paneles de madera sin ventanas, llena de gente que se agolpa y filas de sillas vacías. Cuando la señora Scatcherd nos conduce al centro del pasillo hacia un estrado bajo situado en el frente, un silencio invade la multitud y luego crece un murmullo. La gente del pasillo se aparta para dejarnos pasar. Quizá, creo, alguien aquí me querrá. Quizá tendré una vida que nunca me habría atrevido a imaginar, en una casa luminosa y acogedora con mucha comida: pastel caliente y té con leche con tanto azúcar como quiera. Pero estoy temblando cuando subo los peldaños del estrado. Nos alineamos por altura, del más bajo al más alto, algunas todavía con bebés en brazos.”


El tren de los huérfanos
Christina Baker Kline
traducción de Javier Guerrero
Ediciones B, 2015
Pág. 87-90