12 de des. 2017

maletas de cartón, y 6



(...) he vuelto a las calles de mi infancia. Las he recorrido intentando poner nombre a las casas que, abandonadas, ya resultan irreconocibles. Aquí vivía “la Saldiguera”, en el callejón “las Pajarillas”, subiendo a la izquierda, “Matigüelas”; más arriba “la de Rito”, ésa es la casa de María “la Polilla”, que luego estuvo habitada por Pepa, aquella muchacha que también se fue a Azagra. Ésta es la de mi abuela... Y el llano de los juegos, a medio restaurar, parece resucitar de un largo abandono. Con mi prima Tere vamos recorriendo el Terrero y luego la Carrera Alta: ahí está la casa donde nací, remodelada no parece la misma, la tienda de Josefa “la Arguñana”, el llano de “Toscazos” que ya no es llano y la gran casona de la Obra Pía, en ruinas. Y el pilar, resurgido e iluminado, tras largos años de desidia…Y el castillo, que tampoco es castillo, sino una triste imagen de lo que un día fue.”

Maletas de cartón
Memoria y relatos de emigrantes
de Bedmar en Cataluña (1960-1973)
Mª Teresa Fuentes Caballero
IEG, 2017
Pág. 280


Mañana, miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación del  del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero,  en el Museo de Ca n’Ortadó (Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.

11 de des. 2017

maletas de cartón, 5

La lluvia amarilla 

Julio Llamazares

1988

Sinopsis:

Andrés es el último habitante de Ainielle, un pueblo abandonado del Pirineo aragonés. Entre «la lluvia amarilla » de las hojas del otoño que se equipara al fluir del tiempo y la memoria, o en la blancura alucinante de la nieve,  la voz del narrador,  a las puertas de la muerte, nos evoca a otros habitantes desaparecidos del pueblo y nos enfrenta a los extravíos de su mente y a las discontinuidades de su percepción en el villorrio fantasma del que se ha enseñoreado la soledad.

La lluvia amarilla es un símbolo del éxodo rural.


“Como arena, el silencio sepultará mis ojos. Como arena que el viento ya no podrá esparcir. Como arena, el silencio sepultará las casas. Como arena, las casas se desmoronarán. Oigo ya sus lamentos. Solitarios. Sombríos. Ahogados por el viento y la vegetación” 




El miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero,  en el Museo de Ca n’Ortadó (Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.

10 de des. 2017

maletas de cartón, 4

calle de Bedmar (sin datar)
“Hay una España vacía en la que vive un puñado de españoles, pero hay otra España vacía que vive en la mente y la memoria de millones de españoles”

La España vacía. Viaje por un país que nunca fue
Sergio del Molino
Turner, 2017



El vínculo con el pueblo ha sido constante. Mis hijas iban muchísimo. Desde pequeñas, en cuanto les daban vacaciones las llevaba con mi madre, incluso mi hija se casó con un chico de allí. Esas eran mis vacaciones, los días que ellas se iban al pueblo.
 (Micaela R.)

Mis hijos han pasado las vacaciones durante toda su infancia y parte de su juventud en el pueblo. Los mandábamos con mi mama en el verano y después bajábamos nosotros. Cuando murieron mis padres, arreglamos la casa y ahora, ya jubilados, nos vamos la mitad del año allí. Mis hijos tienen allí su pandilla de amigos.
 (Mariana Q.)


Los primeros meses las niñas no querían estar aquí porque decían que las discriminaban en los colegios. Mi hija una vez reclamó una nota y una niña dijo: ¡Pues no sé qué es lo que quiere! Las veían como intrusas. Era como se veía entonces a los que veníamos de Andalucía. Otra hija venia muchos días quejándose de que no quería estar aquí. Pero yo le dije: ya te guardarás tú de pelearte con nadie. Nos hemos “venío” aquí por vosotros “pa” que estudiéis. Lo hemos “dejao” allí todo, vosotros no tenéis que ver con nadie más que con el profesor, tenéis que demostrar que valéis y cuando acabe el curso nos vamos a nuestro pueblo. Y así fue. El primer año nos fuimos de vacaciones a Bedmar, pero el segundo ya no querían ir, estaban totalmente integradas. Ellas iban a clases en catalán desde que llegamos aquí. Hacían clases en secreto, en el mismo instituto… bueno, un secreto a voces…, así que se integraron muy pronto. En Navidad ya entendían bien el idioma y habíamos “venío” en septiembre. Claro que la mayor ya tenía su bachiller hecho. Aquí hemos “tenío” de todo... Cuando tienes cinco hijos adolescentes las cosas no resultan fáciles, pero al final nos ha ido muy bien.
 (Bárbara G.)


Maletas de cartón
Memoria y relatos de emigrantes
de Bedmar en Cataluña (1960-1973)
Mª Teresa Fuentes Caballero
IEG, 2017
Pág. 219-220




El miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero,  en el Museo de Ca n’Ortadó (Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.

9 de des. 2017

maletas de cartón, 3



“El viaje en el tren fue tremendo.  Muchas veces tenías que dormir en el pasillo “tirao”, la carbonilla se te metía en la nariz y te tenías que lavar de vez en cuando… Íbamos con la maleta de cartón y con una guita... Yo tenía antes del viaje unas 800 pesetas. Vinimos unos cuantos: Serafín “el de la Arguñana” y otro que le decían Francisco “Borrico”. La primera noche dormimos en la calle mayor, nº 18 de Torredembarra, en la provincia de Tarragona. Estuvimos unas tres semanas así.  El viaje me costó 31570.  A mi mujer le dejé 300 pesetas y me quedaron unas 200 para empezar la vida en Cataluña.  Aquí no conocía a nadie,  pero al día siguiente de llegar ya estábamos trabajando en la obra.
(Francisco C.).

Dos días de viaje. El tren paraba en todas las estaciones... Aquello no se acababa nunca. Me acuerdo de que en Albacete te vendían las navajas en el andén... Cuando llegamos todo era grande, eso lo recuerdo y también que mi padre vino a recibirnos con un taxi, ¡menos mal!
(José A.)

Pasando fatigas, así fue el viaje. El tren venía lleno y de asientos nada, las maletas “tirás” en los pasillos. Yo vine solo porque aquí estaba mi padre y los hermanos que tenían edad de trabajar. Los pequeños estaban con mi madre en el pueblo y yo, cuando me licencié de la mili, me vine solo. Ese día no venía nadie del pueblo, y hombre… la verdad es que venía un poco “preocupao”. Yo había “estao” fuera del pueblo en la mili pero Barcelona era otra cosa
(Martín M.).


Maletas de cartón
Memoria y relatos de emigrantes
de Bedmar en Cataluña (1960-1973)
Mª Teresa Fuentes Caballero
IEG, 2017
Pág. 164-166



El miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero,  en el Museo de Ca n’Ortadó (Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.

8 de des. 2017

maletas de cartón 2

castillo de Bedmar
“Qué te voy a decir. El que tenía, tiraba y el que no, se iba a la sierra por leña, o hacía pleita. Con eso comíamos los pobres. El que sembraba y tenía algo, pues vivía de otra manera, pero el que no tenía..., ya te digo. Me acuerdo de antes de la guerra, que yo era una cría. Mi padre trabajaba con el Marqués de Viana.  Este marqués tenía la mitad del término del pueblo y mi padre tenía “arrendás” dos parcelas, dos suertes, en Los Tomillares. Todos los que estábamos en Los Tomillares nos desahogamos en esos años, porque trabajábamos mucho, porque aquello nosotros lo teníamos como nuestro, aunque claro, teníamos que pagar una renta anual. Pasábamos fatigas, pero bueno… Yo tenía cuatro hermanos más, dos varones y dos mujeres, y todos íbamos al campo. No nos ha “faltao” que comer, pero se comía lo que daba el campo. Vendíamos en Úbeda y en Baeza, gallinas, pavos, marranos… Se hacían matanzas de dos y tres marranos. Mi madre tenía que llenar la casa porque se trabajaba “pa” comer, no “pa” ganar; allí no entraba dinero, pero no se necesitaba “pa” comprar, porque teníamos lo que necesitábamos. (…) Luego, ya casada, no fui al campo, porque mi “marío” trabajaba de albañil en la fábrica de aceite, echando jornales donde lo llamaran y también se iba a los montes... Cuando se acababa la siega en Bedmar muchos hombres se iban a los montes, que quedaban por ahí, por Granada. Muchas mujeres sólo íbamos al campo en la temporada de aceituna… Yo me iba a ganar ocho duros, pero eso era cuando eran los niños más grandecillos.  De chicos no iba,  porque los tenía que cuidar.”  (María L.)

Maletas de cartón
Memoria y relatos de emigrantes
de Bedmar en Cataluña (1960-1973)
Mª Teresa Fuentes Caballero
IEG, 2017
Pág. 39-40


El miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero,  en el Museo de Ca n’Ortadó (Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.


7 de des. 2017

maletas de cartón



“Salir de casa, dejar atrás el paisaje en el que hemos crecido, las voces…, los soniquetes del habla particular y conocida, los olores, los sabores, las costumbres, todo aquello que nos ha hecho ser lo que somos… Eso es emigrar, una vivencia siempre única y trascendental que, a lo largo de la historia de la humanidad, han experimentado millones de hombres y mujeres. Ese deseo de descubrir mundos, de cruzar fronteras, de ponerse a prueba y superar dificultades parece que está en la misma naturaleza humana. Allí donde un río pone límites, alguien está dispuesto a construir un puente; siempre hay un camino por donde transitar a pesar de los infranqueables obstáculos, casi siempre artificiales, que encontramos a lo largo del viaje de la vida. Emigrar ensancha la mirada, amplía los horizontes…, como experiencia tiene un gran poder de transformación. En definitiva, no es sólo ese fenómeno sociológico que se estudia a través de estadísticas y de frías fuentes documentales.
Por eso, el interés que me mueve a emprender esta aventura es acceder a un conocimiento pocas veces valorado por tantos eruditos. Quiero escuchar las voces de los protagonistas, de la gente que ha vivido ese desgarro y ha tenido que aprender nuevos códigos de comunicación y de relación social, diferente lengua, otros oficios y sistemas de trabajo.  Me propongo conocer la diversidad de experiencias, las luchas, las ilusiones y esperanzas que hay detrás de cada persona que emigra, ya que apenas existen publicaciones en las que encontremos esa fuerza del testimonio; el valor de la palabra de tantas y tantas personas que, como aves migratorias, un día emprendieron el vuelo, buscando lugares en los que poder establecerse y mejorar material y humanamente.”


Maletas de cartón
Memoria y relatos de emigrantes
de Bedmar en Cataluña (1960-1973)
Mª Teresa Fuentes Caballero
IEG, 2017
Pág. 21-22


El miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación del Vallès del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero,  en el Museo de Ca n’Ortadó (Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.

5 de des. 2017

presentación libro

El próximo miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación en Cerdanyola del Vallès del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero.

La presentación tendrá lugar en el Museo de Ca n’Ortadó (situado en la Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.

La autora,  licenciada en Historia por la Universidad de Barcelona, ha  cursado estudios de Antropología Cultural,  Filosofía y otras disciplinas afines a las Humanidades; e impartió  clases en la universidad durante veinte años. Interesada en la historia oral y la historia de las mujeres, ha publicado Al hilo de la conversación. Voz, memoria y vida cotidiana de las mujeres del campo y  El vuelo de la memoria.  Historias de vida de las mujeres de Alájar.

El acto contará con la presencia de la autora y será presentado y moderado por nuestra compañera Mª Ignacia Pavón.


4 de des. 2017

doctorow, entrevista


Entrevista a  E.L Doctorow con motivo de la publicación de su libro de cuentos “Todo el tiempo del mundo” realizada por Edmundo Paz Soldán y publicada en El País en fecha 25/06/2012

“E. L. Doctorow (Nueva York, 1931) se convirtió en un grande de la literatura norteamericana gracias a su luminosa reinvención de la novela histórica con libros fundamentales como Ragtime (1975),  Billy Bathgate (1989) o Homer y Langley (2010).  Ganador de todos los premios importantes de su país —desde el National Book Award hasta el Pen/Faulkner—,  Doctorow es también un cuentista inspirado, como lo prueba Todo el tiempo del mundo, que incluye algunos relatos magistrales ('Walter John Harmon', 'Integración', 'El escritor de la familia'). Doctorow ha accedido a conversar con EL PAÍS por correo electrónico.

Pregunta. En el prólogo, usted sugiere que la novela es una exploración y el cuento algo mucho más decidido de antemano. ¿No se puede explorar en el género cuentístico?
Respuesta. El cuento es más pequeño en escala de modo que puedes ver el final más fácilmente. El viaje no es tan largo aunque sigue siendo un viaje, una forma de descubrir lo que quieres contar camino a su final.  Ni el cuento ni la novela tienen reglas. Y si las tienen, están ahí para ser rotas.
P. ¿Por qué la decisión de publicar un libro que mezcla cuentos antiguos con nuevos? ¿Es una antología?
R. Quería publicar una selección de mis mejores cuentos, tanto antiguos como nuevos. Algunos cuentos tratan de temas muy contemporáneos: la inmigración, el lugar de la religión, etcétera.
P. ¿Puede leerse el libro como una mirada a los Estados Unidos hoy?
R. Puede leerse como el lector quiera leerlo. El poeta norteamericano Archibald MacLeish solía decir: “Un poema no debería significar,  solo ser”. Pienso de la misma manera con relación a los cuentos.
P. Uno de los temas que domina el libro es el deseo de perderse en una comunidad, asimilarse al país,  en oposición al deseo de individualidad y libertad ('Walter John Harmon')…
R. El deseo de libertad y el de encontrar una comunidad no son siempre opuestos. Que sean vistos así es la forma en que las nuevas religiones nacen,  o,  si usted lo prefiere,  la forma en que la gente escapa de una forma de opresión a otra.
P. Al final de 'Willi', el narrador sugiere que nuestras historias personales no son nada cuando se las compara con la destrucción producida por las grandes fuerzas de la historia…
R. No lo veo así. Para mí el final es irónico: incluso cuando las grandes fuerzas de la historia nos destruyen, las historias personales lo son todo para nosotros. De otro modo,  ¿para qué contarlas?
P. 'El escritor de la familia' hace recordar una de las definiciones de Mario Vargas Llosa sobre la literatura: una mentira que permite llegar a la verdad.  Novelas como Ragtime o Homer y Langley juegan con la exactitud de los detalles históricos en un intento de llegar a una verdad más profunda…
R. Bueno, Vargas Llosa no ha sido el primero en decir eso. En todo caso,  en relación a ese cuento, me gusta pensar que el joven escritor aprende primero a través de su propia escritura,  incluso antes de aprenderlo de manera consciente.  El modo de pensar ficticio es un talento,  un don.  Las verdades que uno descubre así son tan confiables como las de la ciencia o la filosofía.
P. Uno de sus cuentos, 'Wakefield', trae a la mente a Hawthorne. ¿Qué cuentistas incluiría en su canon personal?
R. Hawthorne, por supuesto, pero también Joyce, Hemingway, Chejov. Hawthorne por su imaginación alegórica;  Joyce, por el momento de revelación en torno al cual construye sus cuentos;  Hemingway por lo mismo,  pero también por su confianza en la frase declarativa simple.  Todos ellos me han enseñado algo.  Quizás Chejov es el que más me ha enseñado,  sobre todo porque la suya es la voz más natural de la ficción.  Sus cuentos parecen esparcirse sobre la página sin arte,  sin ninguna intención estética detrás de ellos. Y así uno ve la vida a través de sus frases.”


                                                                

3 de des. 2017

ragtime, comencem


Scott Joplin (1868 - 1917) va ser un pianista i compositor nord-americà. Va portar a la perfecció formal el ragtime, peces de ritme sincopat molt popular en les primeres dècades del segle XX als Estats Units,  en què s'aprecia un sentit rítmic pròxim al del jazz.  El seu Maple leaf rag (1899) per a piano va obtenir un èxit immens.  L'òpera Treemonisha (1911) barreja de ritmes negres, ragtime i òpera italiana i és el seu treball més ambiciós.


30 de nov. 2017

la piedra lunar y 4



“Soy la persona (como sin duda recordarán) que inauguró estas páginas y abrió la historia. También soy la persona que han dejado,  por decirlo así,  para cerrarla.
Que no piense nadie que tengo la palabra definitiva respecto al diamante hindú.  Le profeso a esa malhadada joya verdadero aborrecimiento y les remito a personas más autorizadas que yo si desean recibir actualmente más novedades sobre la Piedra Lunar.  Mi propósito ahora es narrar un acontecimiento en la historia de la familia que hasta ahora todos han pasado por alto y que no pienso permitir que quede sin consignar de un modo tan irrespetuoso.  El acontecimiento al que me refiero es... el enlace matrimonial de la señorita Rachel y el señor Franklin Blake. Este interesante acontecimiento tuvo lugar en nuestra casa de Yorkshire,  el martes 9 de octubre de 1849.  Yo estrené traje nuevo para la ocasión.  Y los recién casados pasaron la luna de miel en Escocia.
Como las fiestas familiares han sido escasas desde la muerte de mi pobre señora, reconozco que en esta ocasión,  hacia el final del día y las celebraciones,  me tomé alguna copita de más por ese motivo.
Si alguna vez han hecho ustedes algo parecido,  comprenderán y asentirán conmigo.  De lo contrario, probablemente digan: « ¡Viejo repugnante! ¿Por qué nos cuenta eso?». La razón viene ahora.
Habiéndome tomado, pues, esa copita de más (¡Dios les bendiga! Ustedes también tienen un vicio favorito;  solo que su vicio no es el mío ni el mío es el suyo),  busqué enseguida el único remedio infalible,  que es,  como ustedes saben, Robinson Crusoe.  No puedo decir por dónde abrí ese libro sin par.  Pero sé perfectamente,  sin embargo,  dónde logré que los renglones impresos dejaran de saltar unos sobre otros. Fue en la página 318: un pasaje doméstico relativo al matrimonio de Robinson Crusoe que dice así: «Con esos pensamientos consideré mi nuevo compromiso: tenía una esposa» (¡atención! ¡Igual que el señor Franklin!), «un hijo», (¡atención de nuevo! ¡Bien podría ser así mismo el caso del señor Franklin!), «y mi esposa entonces...». Lo que la esposa de Robinson Crusoe hiciera o dejara de hacer «entonces» ya no me interesó saberlo.  Subrayé las palabras relativas al hijo con mi lápiz y puse un trozo de papel para señalar esa parte.  «Tú espera —me dije— hasta que el señor Franklin y la señorita Rachel lleven casados unos meses... ¡y ya verás!»
Los meses pasaron (más de los que yo esperaba) sin que se presentara la ocasión de buscar la señal en el libro.  No fue hasta el presente mes de noviembre de 1850 que el señor Franklin entró en mi cuarto, muy alegre, y dijo:
— ¡Betteredge! ¡Tengo noticias para usted! Algo va a ocurrir en la casa antes de que seamos muchos meses más viejos.
— ¿Concierne a la familia, señor? —pregunté.
—Decididamente concierne a la familia —respondió el señor Franklin.
— ¿Tiene su buena esposa algo que ver en ello, si me lo permite, señor?
—Tiene muchísimo que ver en ello —dijo el señor Franklin empezando a mostrar cierta sorpresa.
—No necesita decir ni una palabra más,  señor —respondí—. ¡Dios les bendiga a ambos! Estoy sinceramente encantado de saberlo.
El señor Franklin pareció atónito.
— ¿Puedo preguntar de dónde ha obtenido la información? —preguntó—. Yo solo lo he sabido (y con el mayor secreto) hace cinco minutos.
¡He ahí la oportunidad de sacar a relucir a Robinson Crusoe! ¡Era la ocasión de leer el pasaje doméstico sobre el niño que yo había señalado el día del enlace del señor Franklin! Leí esas milagrosas palabras con el énfasis que les hacía justicia y luego le miré severamente.
—Ahora, señor, ¿cree en Robinson Crusoe? —pregunté con la solemnidad que correspondía a la ocasión.
— ¡Betteredge! —dijo el señor Franklin con la misma solemnidad—. Estoy finalmente convencido.
Me estrechó la mano... y yo sentí que le había convertido.
Con el relato de esta extraordinaria circunstancia,  mi reaparición en estas páginas llega a su fin.  Que nadie se ría de la única anécdota aquí contada.  Pueden regocijarse cuanto quieran acerca de todo lo que he escrito.  Pero cuando escribo sobre Robinson Crusoe,  el Señor sabe que hablo en serio... ¡y exijo que se tome con la misma seriedad!
Dicho esto, todo queda dicho.  Damas y caballeros,  les saludo y termino la historia.”

 La piedra lunar
Wilkie Collins
traducción: José Luis Piquero
Navona, Barcelona, 2016
pág.547-549


29 de nov. 2017

la piedra lunar, 3 (el señor Betteredge)



"Hubo una pausa en la conversación y Gabriel Betteredge salió de su mutismo junto a la ventana.
— ¿Puede concederme su atención, señor? —preguntó dirigiéndose a mí.
—Estoy a su servicio —respondí.
Betteredge cogió una silla y se sentó a la mesa. Sacó un enorme y viejo cuaderno de notas con las tapas de cuero y un lápiz de parecidas dimensiones. Tras ponerse los anteojos, lo abrió por una página en blanco y volvió a dirigirse a mí.
—He pasado —dijo Betteredge mirándome severamente— cerca de cincuenta años al servicio de la difunta señora. Antes de eso fui paje al servicio del anciano lord, su padre. Ahora tengo más de setenta años... ¡no importa exactamente cuántos! Estimo que tengo tanto conocimiento y experiencia del mundo como el que más. ¿Y a qué conduce todo esto? Conduce, señor Ezra Jennings,  a un juego de prestidigitación de un ayudante de médico con el señor Franklin Blake como sujeto y el concurso de una botella de láudano. ¡Y, por los clavos de Cristo, a mí me toca, a mi edad, hacer del muchacho que ayuda al prestidigitador!
El señor Blake rompió a reír.  Yo traté de hablar. Betteredge levantó la mano en señal de que aún no había terminado.
— ¡Ni una palabra, señor Jennings! —exclamó—. No me diga ni una palabra, señor. Tengo mis principios,  gracias a Dios.  Si me dan una orden que parece emitida por un inquilino de Bedlam [célebre manicomio de Londres en esa época], no importa.  Basta con que provenga de mi señor o de mi señora y yo la obedezco.  Tengo mi propia opinión, la cual coincide, le ruego que lo recuerde, con la del señor Bruff... ¡el gran señor Bruff! —Dijo Betteredge alzando la voz y meneando la cabeza con solemnidad—.  No importa;  aun así me reservo mi opinión.  Mi joven señorita dice: «Hazlo».  Y yo digo: «Señorita,  así se hará».  Aquí estoy, con mi cuaderno y mi lápiz,  este último no tan afilado como habría deseado pero, cuando los cristianos pierden el juicio, ¿quién puede esperar que los lápices conserven sus puntas?  Deme sus órdenes,  señor Jennings.  Las pondré por escrito, señor.  Estoy decidido a no apartarme de ellas ni un pelo.  Soy un agente ciego,  eso es lo que soy.  ¡Un agente ciego! —repitió Betteredge deleitándose en su propia descripción de sí mismo.
—Siento mucho —comencé a disculparme— que usted y yo no estemos de acuerdo...
— ¡No me meta en esto! — me interrumpió Betteredge—. No es una cuestión de estar de acuerdo o no; es una cuestión de obediencia. Deme sus instrucciones, señor... ¡Deme sus instrucciones!
El señor Blake me hizo señas de hacerle caso. Le «di mis instrucciones» tan clara y gravemente como pude.
—Desearía que se reabrieran ciertas partes de la casa —dije— y que se amueblaran exactamente como lo estaban hace un año por estas fechas.
Betteredge dio una chupada preliminar a su lápiz imperfectamente afilado.
— ¡Nombre esas partes, señor Jennings! —dijo altivamente.
—Primero, el vestíbulo interior que conduce a la escalinata principal.
—Primero, el vestíbulo interior —escribió Betteredge—. Imposible amueblarlo, señor, tal como estaba el año pasado... para empezar.
— ¿Por qué?
—Porque el año pasado había en el vestíbulo un halcón disecado, señor Jennings. Cuando la familia se marchó, el halcón se recogió junto a las demás cosas. Y al trasladarlo... reventó.
—Entonces lo haremos sin el halcón.
Betteredge anotó la excepción.
—El vestíbulo interior ha de amueblarse tal como estaba hace un año. Con excepción del halcón. Por favor,  continúe,  señor Jennings.
—Hay que extender la alfombra en las escaleras, como antes.
—Hay que extender la alfombra en las escaleras, como antes. Siento decepcionarle, señor. Pero eso tampoco puede hacerse.
— ¿Por qué no?
—Porque el hombre que la extendió ha muerto,  señor Jennings... y la habilidad que él tenía para encajar la alfombra en los rincones no la encontrará en toda Inglaterra,  busque donde busque.
—Muy bien.  Debemos buscar al siguiente hombre más mañoso de Inglaterra.
Betteredge tomó nota y yo seguí dándole mis instrucciones.
—La sala de estar de la señorita Verinder ha de dejarse exactamente igual que el año pasado. También el pasillo que conduce desde esa salita hasta el primer rellano. Así como el segundo pasillo que conduce desde el segundo rellano a las habitaciones principales. Y, por supuesto, el dormitorio ocupado el pasado junio por el señor Franklin Blake.
El lápiz desafilado de Betteredge me seguía concienzudamente,  palabra por palabra.
—Prosiga, señor —dijo con sardónica gravedad—. Aún le queda mucha escritura a la punta de este lápiz.
Le dije que no tenía más instrucciones que darle.
—Señor —dijo Betteredge—, en ese caso tengo que hacer un par de puntualizaciones en mi propio nombre.
Abrió el cuaderno por otra página en blanco y le dio otra chupada preliminar al inagotable lápiz.
—Desearía saber —comenzó a preguntar— si puedo o no puedo lavarme las manos...
—Por supuesto que puede —dijo el señor Blake—. Llamaré al camarero.
—...respecto a ciertas responsabilidades —prosiguió Betteredge declinando imperturbablemente ver en la estancia a nadie que no fuésemos él y yo—. Para empezar, respecto a la salita de estar de la señorita Verinder,  cuando sacamos la alfombra el año pasado, señor Jennings, hallamos una sorprendente cantidad de imperdibles. ¿Debo responsabilizarme de volver a colocar los imperdibles?
—Ciertamente no.
Betteredge anotó esa concesión.
—En cuanto al primer pasillo —continuó—. Cuando quitamos los adornos de esa parte, retiramos una estatua de un niño desnudo y gordito... profanamente descrito en el catálogo de la casa como Cupido, dios del Amor. El año pasado tenía dos alas en la parte carnosa de los hombros. Lo perdí de vista un momento y él perdió una de sus alas. ¿Debo responsabilizarme del ala de Cupido?
Hice otra concesión y Betteredge tomó nota de ella.
—En cuanto al segundo pasillo —prosiguió—. Al no haber nada en él el año pasado, salvo las puertas de los dormitorios (de las que respondo bajo juramento,  si es preciso),  tengo la conciencia tranquila,  lo admito,  respecto a esa parte de la casa.  Pero en cuanto al dormitorio del señor Franklin (si ha de volver a dejarse como estaba antes) quiero saber quién se responsabiliza de mantenerlo en un perpetuo estado de desorden,  no importa cuántas veces se ordene:  unos pantalones aquí,  unas toallas allá,  sus novelas francesas por todas partes... Digo, ¿quién se responsabiliza de desordenar el orden del dormitorio del señor Franklin, él o yo?
El señor Franklin declaró que él asumiría toda la responsabilidad con el mayor placer. Betteredge declinó escuchar ninguna solución al problema que no contara antes con mi visto bueno. Acepté la propuesta del señor Blake y Betteredge consignó a tal efecto una última entrada en su cuaderno.
—Venga a verlo cuando quiera,  señor Jennings, a partir de mañana —dijo poniéndose en pie—. Me encontrará trabajando con el personal necesario para ayudarme. Me permito agradecerle respetuosamente,  señor, haber pasado por alto el caso del halcón disecado y el caso del ala de Cupido... y también por permitirme lavarme las manos ante cualquier responsabilidad respecto a los imperdibles de la alfombra y el desorden del cuarto del señor Franklin.  Hablando como sirviente,  estoy profundamente en deuda con usted.  Hablando como hombre, le considero una persona con muchos pájaros en la cabeza y doy testimonio de mi oposición a su experimento,  que considero un fraude y un engaño.  ¡No tema usted por eso que mis sentimientos como hombre interfieran en mis deberes como sirviente! Será usted obedecido.  A pesar de los pájaros,  señor,  será usted obedecido.  Si esto termina con que prende fuego a la casa,  ¡ni muerto avisaré a los bomberos a menos que toque usted la campana y me lo ordene!
Con esta garantía como despedida, me hizo una inclinación y salió del cuarto."

 La piedra lunar
Wilkie Collins
traducción: José Luis Piquero
Navona, Barcelona, 2016
pág.471-475





28 de nov. 2017

estrena titzina teatro



El proper divendres,  u i el dissabte dos de desembre, La companyia Titzina Teatro, estrenen l’obra  “La zanja” , la seva cinquena producció.

La zanja parla de la relació entre dos mons que han compartit una part de la història: Amèrica i Europa.  La trobada entre el descobridor Pizarro i el darrer rei inca Atahualpa, i els coflictes miners entre les multinacionals occidentals i les comunitats nadiues. Un treball de creació a partir de les cròniques de l'època i els viatges al Perú actual.

Al Teatre Ateneu de Cerdanyola del Vallès, a les 21 hores.


27 de nov. 2017

Wilkie Collins, relats


“Cuando era un joven de veinticinco años, me convertí en miembro de las fuerzas de policía de Londres. Tras casi dos años de experiencia en la responsabilidad de los mal pagados deberes de esa vocación, me encontré dedicado a mi primer grave y terrible caso de investigación oficial, relacionado nada menos que con un delito de asesinato.

Las circunstancias fueron las siguientes: Por aquel entonces yo estaba destinado a una comisaría del distrito norte de Londres, que pido permiso para no mencionar más particularmente. Un cierto lunes inicié mi turno de noche. A las cuatro de la madrugada no había ocurrido nada digno de mención en la comisaría. Era primavera y, entre el gas y el fuego, la habitación se puso bastante calurosa. Fui a la puerta para respirar un poco de aire fresco, ante la sorpresa de nuestro inspector de servicio, que era de por sí un hombre friolero. Caía una fina llovizna, y la fuerte humedad del aire me envió de vuelta al lado del fuego. No creo que llevara sentado allí más de un minuto cuando empujaron con fuerza la puerta giratoria. Una mujer frenética entró dando un grito y preguntando:

— ¿Es esto la comisaría?

Nuestro inspector (por lo demás un magnífico agente) tenía, por alguna perversidad de la naturaleza, un temperamento más bien acalorado en su friolera constitución.

— ¿Por qué, benditas sean las mujeres, no ve usted que lo es? —dijo—. ¿Qué es lo que ocurre?

— ¡Asesinato es lo que ocurre! —restalló ella—. Por el amor de Dios, vengan conmigo. Es en la pensión de la señora Crosscapel, en el número catorce de la calle Lehigh. ¡Una joven ha asesinado a su esposo por la noche! Con un cuchillo, señor. Dice que cree que lo hizo dormida.”

¿Quién mató a Zebedee?
Wilkie Collins

(fragment)

24 de nov. 2017

Wlkie Collins i l’opi

portada de l'bra de Thomas de Quincey publicada l'any 1822


 “El concepto de la droga como detonante de la creación literaria conoce antecedentes fabricados en ocasiones por el propio autor. Un ejemplo ilustre: Wilkie Collins y La piedra lunar. (…) El desarrollo de la composición de “La piedra lunar” –afirma Alethea Hayter en "Opium and the Romantic Imagination"– es una de las demostraciones  "más terminantes de cómo un escritor concibe una obra maestra bajo el imperio del opio". Este aserto se basa en conversaciones de Collins recogidas por amigos y en lo que él afirma en el prólogo de la obra, es decir: durante la escritura de la novela sufría fuertes dolores por su gota reumática y los aliviaba con mucho láudano, ese extracto de opio ingerible en vino blanco y especias.”

”Collins dictaba su invención a un secretario –prosigue Hayter– que terminó renunciando al empleo porque no soportaba el espectáculo del escritor acuñando personajes y episodios entre gritos y gemidos. Lo mismo sucedió con el secretario siguiente, hasta que una mujer tomó el relevo y llevó a buen puerto la tarea.  Según esta versión, Collins,  una vez repuesto,  no reconoció el manuscrito y se mostró asombrado por el final,  que en verdad es asombroso.  El hecho de que "esta novela, rigurosamente construida y controlada, pudo ser escrita en tales condiciones destruye la teoría de que el opio impide necesariamente que un escritor haga su trabajo", concluye Alethea.”

“La verdad sería más bien otra: hace unos 20 años la investigadora estadounidense Sue Lonoff revisó el manuscrito de La piedra lunar y encontró que sólo siete de sus 413 páginas no pertenecen a la mano de Collins.  El resto,  con excepción de 11 páginas a lápiz,  recoge la nítida escritura en tinta del autor y registra sus correcciones,  agregados y tachaduras.  Se disipa la leyenda de los amanuenses espantados.  Y si,  como parece Collins mismo fabricó la versión, no hizo más que repetir la especie de Walter Scott dictando La novia de Lammermoor desde la cama,  apagando sus graves dolores de estómago con la ingestión de cantidades industriales de láudano.  Así lo contaba Walter Scott.  Pero las cuatro quintas partes del manuscrito de esa novela están fijadas por la mano del autor.” 

“¿Por qué Scott y Collins y otros novelistas que escribían después de la experiencia de la droga,  no durante,  practicaron además esa ficción? ¿Enaltecían su adicción pretendiéndola al servicio del arte? ¿Disimular las dificultades, angustias, vacíos y padecimientos de tan duro oficio,  para llamarlo de algún modo?  El opio y la morfina no saben escribir.”


Juan Gelman, poeta argentino

23 de nov. 2017

moonstone en còmic



Classic Comics va ser una sèrie d'historietes que adaptaven clàssics de la literatura,  iniciada el 1941 pel rus Alber Lewis Kanter (1897-1973) per a Publicacions Elliot. El 1947, pas a denominar-se Classics Illustrated.

Entre 1942 i 1962 les vendes van reunir un total de 200 milions en les adaptacions dels grans treballs de la literatura en els Clàssics Il·lustrats , incloent Don Quijote de la Mancha, Frankenstein, Hamlet, El Geperut de Notre Dame, Jane Eyre, Lord Jim, Macbeth,  Moby Dick, Oliver Twist i Història de dues ciutats.


L'últim fascicle de Kanter va ser Faust l’agost de 1962.